CAPÍTULO VEINTIUNO

Elara sintió como si el aire fuera succionado directamente de sus pulmones. Al estar tan cerca de él, podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo.

Aquel aroma suyo ya no era solo un rastro; era una ola que rompía sobre ella y ahogaba su sentido común. Sabía que debía apartar la mirada. Sabía que debía desapegarse, dar un paso atrás y recordarle cuál era su lugar. Pero sus ojos estaban fijos en los labios de él, trazando su forma, preguntándose si serían tan suaves como parecían. Ni siquiera s
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