Capítulo 126
SIN SALIDA... Juguemos a pecar
Pensar en ese día de vez en cuando atormentaba a Mía, porque si ella no se hubiera empecinado en ir a esa excursión con Allegra, tal vez todo fuera distinto, tal vez no.
Pero ya no valía de mucho martirizarse con la posibilidades, el daño ya estaba hecho y el tiempo no podía echarse atrás.
—¿Y por qué no nos dijiste nada de eso, Mía? —Caterina la cogió del brazo, tirando de ella para verla a la cara—. ¡Debiste contarnos!
—¡Y para qué iba yo a preocupa