Capítulo treinta y ocho. La trampa perfecta.
— — — — Narra Arthur Aramendi — — — —
El muy iluso de mi hijo cree que puede ganarme.
Observo la carta que le envié a Amy y sonrío. Puedo imaginar su reacción, el miedo en sus ojos, la desesperación en su voz al mostrársela a Brad. Y sé que él, con su terquedad y su sentido de justicia patético, no se quedará quieto. Planea algo. Lo siento en el aire, en las llamadas que hace, en la forma en que mueve sus piezas con la intención de destruirme.
Po