—¿Ah, sí? —respondió Katherine—. Bueno, soy tu madre y me aseguraré de que empieces a preocuparte por los demás a partir de ahora.
Tim la miró con los ojos muy abiertos. La expresión de su rostro mostraba que sabía perfectamente lo que iba a suceder.
—Estás castigado —dijo Katherine.
—¿Qué? —preguntó Tim, como si no pudiera creer lo que acababa de oír.
—Sí —dijo Katherine—. Me oíste bien. Estás castigado. Y ni siquiera te sorprendas. Deberías haberlo sabido, ya que te has estado portando como u