Ella enterró sus manos en su cabello, hundiéndolas en él, empujando su rostro al compás de su necesidad de llevarla al siguiente nivel.
—¡Oh, Jensen! —murmuró, frotando su lengua contra la suya, lamiéndola con fuerza, justo en el centro de su clítoris. Su lengua se abrió, su piel caliente contra la de ella, mientras él la acariciaba con intensidad y expansividad.
Dos sensaciones diferentes la hicieron perder el control por completo; cada músculo se tensó, su orificio húmedo aferrándose a su dedo