Ella le acarició la mejilla con el nudillo. —Eres increíble —dijo.
Ponerle un dedo sobre los labios, él dijo: —Aún no he terminado contigo.
Sus ojos se abrieron de par en par cuando él comenzó a moverse de nuevo, entrando y saliendo de ella como si no hubiera un mañana lleno de explicaciones y excusas. Esta vez, su acto de amor fue más lento, deliberado.
—Mírame —ordenó suavemente.
Sabía que estaba cerca, pero quería que ella estuviera con él cuando llegara al clímax. Con sus miradas fijas, enc