Su boca era la más besable que jamás había conocido y su piel la más suave que había tocado. Incluso su cabello le sentaba a la perfección. Sonrió levemente con admiración al contemplar su elegante moño. Mechones sueltos se habían escapado, rizándose con pasión alrededor de sus sienes y la nuca.
Y fue entonces cuando vio más allá de la superficie. Su peinado reflejaba su naturaleza, se dio cuenta de repente. Luchaba por aparentar severidad y contención, pero no lo conseguía del todo.
Igualmente