—¡Dios mío, Shay! —continuó Jensen enfadado—. Si hubiera sabido que ibas a ser tan inmadura, no te habría dejado entrar en mi vida. Así que olvídalo, cariño. Este chantaje emocional no solo no va a funcionar, sino que me importa un bledo.
—Ambos sabemos que eso no es cierto, Jensen —susurró ella, agarrándole el brazo. Él se tensó, odiando sus manos sobre él. Se sentía… mal. Hubo un tiempo en que disfrutaba de sus caricias provocativas, de sus apasionadas caricias. ¿Pero ahora? Ahora sentía un h