CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO
PUNTO DE VISTA DE ANABELLE
El salón estaba vacío. Solo nuestras voces resonaban entre las paredes.
Nos presentamos y conversamos durante un rato. Ella no era mala persona; nuestras energías encajaban perfectamente.
—Quiero irme ahora. Adiós, mi nueva amiga —dije mientras recogía mi bolso para salir del aula.
Ella me despidió con la mano antes de que tomáramos caminos separados.
Mientras caminaba, vi pasar el coche de John. Se detuvo en cuanto me vio.
—Sube, Anabelle.