Capítulo 14. ¡Deja de luchar!
Astrid dejó de resistirse e hizo a un lado los gritos de su conciencia. Había venido a la discoteca para esto, para no pensar en nada, ni en nadie. Por lo que, se dejó llevar por la música, el alcohol y la seducción del hombre que la sostenía, pegándola a su cuerpo como una extensión de él.
No tuvo idea de cuánto tiempo estuvieron moviéndose sobre la pista de baile, ni de la cantidad de alcohol que continuó intoxicando su cuerpo. Tampoco detuvo las caricias del hombre que provocaban cierto anhe