Aquella advertencia le había roto el corazón, sabía que ya no había nada que hacer, estaba enamorada de ese hombre; en apariencia frío, oscuro, misterioso, pero en el fondo un niño herido, un hombre abandonado.
Gilliam no sabia si podría ser capaz de lidiar con eso, y no por falta de deseos, sino porque el mismo Sebàstian se negaba a reconocer que necesitaba sanar esas áreas.
Caída la tarde intentó irse a casa, sus ánimos habían decaído y su espíritu estaba abatido, sin embargo, él le pidió q