Kadet Kravec
Eran las dos de la tarde cuando Fany me pidió usar mi computador para acceder a su correo laboral. Cuando ingresó y me leyó los números del mes comparados con el del anterior mes simplemente pude sentirme orgulloso. Esa tenaz mujer que había triplicado sus donaciones y ahora podría construir el tercer nivel del orfanato era mía.
Había hablado enserio cuando le dije que lo haría formalmente. No acostumbraba a ese tipo de cosas, pero sabía que ella necesitaba experimentar todas esas