Michelle sonrió al ver al par de hombres que estaban parados en su puerta. Los dos parecían bastante tranquilos, pero no dejó que eso lo engañara ni por un segundo. Conocía a los hermanos de Laila lo suficiente para saber que podía tratarse de una fachada solo para hacerlo sentir cómodo antes de atacar.
—Los estaban esperando. Pasen, por favor —dijo y se hizo a un lado para dejarlos entrar.
Cerró la puerta y los siguió hasta el interior.
—¿Desean algo de beber?
—No, gracias. Aunque quizás podrí