John solía ser un hombre decente con preferencias decentes.
En el viejo mundo, hace dos décadas, él fue un ciudadano corriente de treinta años. Respetó las leyes, cumplió con cada una y se limitó a realizar su trabajo como albañil. Trajo dinero a casa, alimentó, educó y protegió a su hija; era feliz siendo un padre soltero para su querida y única hija: Wanda.
La madre de Sabrina.
Wanda fue su primera luz, una niña muy inteligente y generosa. En aquellos días, John se había dedicado cuidarla y