Punto de vista de Zevara
Mi respiración tembló.
—Quiero que me folles, mi Alfa señor.
Las palabras salieron de mis labios, firmes a pesar del temblor en ellos. Decididas… porque cada una de ellas era sincera.
Él no dijo nada; solo mantuvo su postura rígida. Sus ojos me miraban desde arriba como si fuera una pecadora a su merced. Apuesto a que podía ver mi coño rosado goteando. Entonces su nariz se contrajo como si ya estuviera embriagado por mi aroma y mi excitación.
Ya no me contuve más.
—