Dio una vuelta por la cocina y aprovechó que nadie la observaba para ir al taller de perfumes.
Allí, en la tranquilidad, podría relajarse y trabajar en sus mezclas.
Absorta en su labor, Bella escuchó de pronto unos golpes en la puerta. Era Pedro.
《¿Es que no puedo librarme de él en ningún sitio?》Pensó Bella, frunciendo el ceño.
Pedro le dijo con voz suave: —La cena está lista, el abuelo supuso que estarías aquí y me envió a avisarte.
—De acuerdo.
Bella dejó lo que estaba haciendo y se acercó al