Justo en ese momento, la abuela Romero la llamó y Bella se acercó a ella.
—Bella, no se vayan a ir esta noche, quédense a dormir aquí —dijo la anciana, tomándole la mano—. Ayer me prometiste que quedarías más tiempo conmigo, así que no puedes faltar a tu palabra.
—Cómo puede ser, mientras no me moleste, vendré a verte con frecuncia en el futuro.
A Bella no le importaba dónde pasar la noche, y de todas formas pensaba venir a menudo a visitar a la abuela.
Pero esta no quiso oír nada al respecto y,