Bella giró la cabeza, y Pedro no supo cuándo se había acercado a ella, ahora señalando los problemas del contrato.
Sus dedos apuntaban a la pantalla de la computadora, casi tocando la nariz de Bella, y ella inevitablemente pudo oler el aroma a cedro y el leve olor a alcohol que venía de él.
—¿Qué estás mirando? Mira el contrato. —dijo Pedro, moviendo su cabeza.
Este gesto y tono autoritario molestaron un poco a Bella, pero no protestó, y volvió a mirar el contrato.
Los consejos de Pedro hicieron