Al verlos, el señor Llona les saludó con un leve gesto de cabeza.
En cambio, la mirada de Víctor denotaba cierta impaciencia, sobre todo al ver a Yolanda y Bella cogidas de la mano.
—¡Yolanda, no puedes irte así con cualquiera! —la regañó en un tono severo.
Yolanda se sobresaltó, visiblemente nerviosa.
Bella se apresuró a abrazarla con cariño. —Señor Romero, no grite así, va a asustar a Yolanda.
Víctor no parecía nada contento. —Maleducada. Estoy hablando con mi hija, ¿a ti qué te importa?
—Herm