Pedro miró a Bella con una expresión impasible.
Ella levantó la cabeza, con su largo cuello y su delicado rostro que brillaba bajo la luz.
Mientras tanto, el hombre a quien estaba defendiendo la miraba con gratitud, con los ojos brillando de admiración, lo que irritaba profundamente a Pedro.
—No necesitas hablar tan rectamente. Eres igual que cualquier otra mujer. Supongo que tu esposo en casa es viejo y feo, así que te estás inscribiendo en sus clases solo porque este chico es guapo y quie