Pedro no respondió de inmediato a Manuel.
Seguía pensando en el sueño de esa mañana.
Todo en ese sueño parecía demasiado real.
Bella vestía el atuendo de un hospital psiquiátrico, su figura se había consumido, su rostro demacrado. Aquellos ojos grandes y brillantes que solían tener ahora sólo reflejaban vacío y desesperación.
Sus labios esbozaban una sonrisa amarga y burlona, y el gesto al clavar el cuchillo en su pecho fue rápido y decidido.
Cuando reaccionó, Bella yacía en un charco de sangre.