Al oír eso, todas las miradas se centraron en Pedro.
—Yo la acompañaré. —dijo Pedro, molesto, marcando así su posición.
Darío sonrió sin prestarle atención y le preguntó a Bella: —¿Bella, quieres comprar algo?
Pedro también la miró.
Bella cambió de opinión. —No, mejor nos quedamos a tomar el té. —respondió, negando con la cabeza.
Darío no insistió.
Sin embargo, Pedro se dio cuenta de su verdadera intención. —Vamos, te acompaño a dar un paseo.
Bella lo miró con desdén. —Hermano Darío, ¿me puedes