—De acuerdo, hoy estoy de buen humor, así que te dejaré en paz.
Dijo Carlos, acercándose a grandes pasos hacia ella.
Pedro, por su parte, seguía mirándola fijamente con sus ojos negros, como esperando que ella dijera algo.
Bella no pronunció palabra, tomó el bolso de las manos de Carlos y se apresuró a alejarse de aquel conflicto.
—¡¿Por qué huyes tan rápido?! —exclamó Carlos, siguiéndola.
Pedro se quedó solo en el lugar.
Bella no pudo evitar a Pedro, pues su billete de avión también era de prim