—Por supuesto. —respondió el oficial con asentimiento.
Aún se encontraban en la etapa de interrogatorio, sin llegar al grado de no poder hablar por sí solos.
Claudia, con creciente inquietud en su corazón, dijo: —No tengo nada de que hablar con él. Yo no ordené nada de esto, soy una víctima inocente. Seguramente querrá hacerme daño, ¡tienen que proteger mi seguridad!
—Soy un hombre de negocios respetuoso de la ley, ¿cómo podría hacer algo para perjudicarte? Simplemente quiere averiguar lo sucedi