Bella se detuvo ante la llamativa orquídea que crecía en el borde del camino, doblándose para olerla con atención. El aroma parecía ser muy agradable, lo que hizo que sus rasgos se relajaran de inmediato, y una sonrisa se formó en sus labios.
Con el sol bañando su cabello y su cuerpo, su delicado rostro se acercó a la flor blanca, y Pedro no pudo decidir si la flor o la mujer eran más hermosas.
Por instinto, sacó su propio teléfono y capturó el momento.
Después del tiempo libre, comenzó la