Fiona preguntó con prisa y explicó: —Señora, no es que quiera indagar en sus asuntos privados, es sólo que temo que el señor me pregunte.
Bella se recostó en la silla de jardín. —No hay problema. Dile que estoy enojada, que venga de inmediato.
—Pero... —Fiona miró a Bella, recostada con las extremidades extendidas, un poco dubitativa.
¿La señora no estaba enfadada en realidad? ¿No sería mentir al señor? Él podría enojarse.
Bella se dio cuenta de los pensamientos de Fiona. —Si Pedro no me cree, p