Lucía estaba sentada en el sofá del centro del salón, rodeada de varias mujeres elegantemente vestidas que hablaban con ella.
—¡Abuela! —Bella la llamó alegremente.
Las miradas de todos se dirigieron hacia ellos.
Al verla, Lucía sonrió ampliamente. —¡Querida, has llegado!
Bella y Pedro se acercaron juntos a su abuela.
—Abuela, buenas tardes a todas, —saludó Pedro cortésmente.
—Pedro, eres tan atento, siempre vienes a acompañar a la anciana, a diferencia de nuestros hijos, que siempre están