Anna tenía el rostro enrojecido por la fuerza con la que Bella la estrujaba, pero no sentía miedo. Luchaba contra ella y seguía provocándola.
—Tú te metiste en la cama de Pedro, y ahora estás embarazada de él... ¿Y qué? No puedes protegerlo...
—¡Eres una maldita víbora! —gritó Bella, apretando el cuello de Anna con más furia, sus ojos destellantes de desesperación y odio—. ¡¿Cómo sabes que el niño es de Pedro?!
—Si te quejas... —jadeó Anna, riendo—, es porque tuviste mala suerte. Tú y tu amiga..