Carlos, desprevenido, recibió el puñetazo de Pedro, que se sumó a la herida que ya tenía en la frente, dejándolo en clara desventaja.
Tras unos cuantos golpes más, Pedro estiró sus piernas y asestó una violenta patada a Carlos, que perdió el equilibrio y cayó sentado al suelo.
Un hilo de sangre le brotaba del labio.
Cuando Pedro se preparaba para golpearlo de nuevo, Bella reaccionó por fin e intervino. —¡Basta!
Gritó, colocándose delante de Carlos. —¡Pedro, ¿te has vuelto loco?! ¿Por qué lo está