Lamentablemente, nadie parecía tener tiempo para prestarle atención a Bella.
Pedro se sentaba erguido, sosteniendo la copa con sus largos dedos y llevándosela a los labios con aire distraído, como si realizara una suerte de performance artística.
Carlos, en cambio, estaba desparramado en su asiento, dejando que el mesero le acercara las bebidas.
Así, uno tras otro, fueron apurando docenas de copas.
El semblante de Carlos no denotaba cambio alguno, lo cual no sorprendía a Bella, pues era un joven