Entre sus burlas había una acusación apenas disimulada: Todo era culpa de Deirdre.
¿Cómo podían ser tan crueles? Ella era tan humana como ellos. ¡No era un juguete sin emociones! ¿Por qué debía obedecer todos los caprichos de Brendan? ¿Porque había tenido la mala suerte de convertirse en el objeto de obsesión del Diablo? ¿Porque merecía ser castigada por decir que sí a convertirse en la señora Brighthall?
El dolor de Deirdre la consumía por dentro. Parecía haber agotado todas sus reservas de