El rostro de él se desmoronó por una fracción de segundo, rompiéndose la obsesión para revelar el dolor crudo debajo —el hombre que una vez había infundido confianza en ella reducido ahora a sombras y movimientos calculados—. - ¿Crees que yo soy el villano? ¿Después de lo que hiciste? ¿Acostarte con él, jugar con todos? - La acusación colgaba amarga, alimentada por semanas de registros y sospechas, pero debajo estaba el dolor, la pérdida de la versión de sí mismo que no había necesitado pasadi