Capítulo Trece

Bianca se detuvo fuera de la casa por un momento más de lo necesario.

Su mano se quedó suspendida cerca del picaporte, pero no lo abrió de inmediato.

Casa.

Esa palabra solía significar algo más suave antes. Calidez. Seguridad. Un lugar donde podía respirar sin sentirse observada o juzgada.

Ahora se sentía como entrar en una jaula en la que había sido encerrada personalmente.

Finalmente empujó la puerta y entró.

El sonido de risas fue lo primero que la golpeó.

Luego el olor de la comida.

Luego l
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