Era tarde en la noche cuando Desmond regresó a casa. La casa estaba en silencio, excepto por el sonido de su madre moviendo cosas en la sala. Su hermana, Carina, estaba sentada en el sofá, presionando su teléfono, con las piernas cruzadas.
Cuando él entró, su madre levantó la vista y dijo:
—Ah, has vuelto. ¿Trabajando hasta tarde otra vez?
Desmond suspiró y asintió, dejando su chaqueta en la silla más cercana. El olor a alcohol lo seguía. La nariz de su madre se arrugó mientras fruncía el ceño.