Como toda la Luna y segunda al mando de la manada, Lara cumplía su rutina al pie de la letra. Se despertó temprano, su esposo ya se había ido hacía un tiempo por lo que el lado de su cama estaba otra vez frío. Asintió a sus clases matutinas junto a la hermana de este que no paraba de sacarle en cara que se había supuestamente escapado a pesar de que Mathew se las había ingeniado para justificar su salida de la manada, con la compra de las bolsas para darle una sorpresa. Nadie dijo lo contrario.