29. Por fin una respuesta

ALISA

Los ojos bronces de Vilkank se sentían como una trampa, una en la que realmente deseaba caer, no le importaba nada más. Ella lo miró mostrándole todo el deseo que sentía, sobre todo al verlo tan entregado al éxtasis que le había regalado, sus corazones estaban tan acelerados como se sentían y ella se estremeció con el deseo recorriendo su cuerpo con intensidad. En un movimiento inesperado &ea

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