Luna se levantó perezosamente de la cama, se puso las zapatillas y se dirigió apáticamente hacia la puerta.
La puerta se abrió y, bajo la brillante luz de fondo, era una sombra oscura. Al ver a Luna tan apática, le preguntó.
—¿Has comido?
Luna no quería responder a esa pregunta.
Se dio la vuelta y entró, adentrándose en la oscuridad.
Keith, sin embargo, no estaba acostumbrado a la oscuridad. Al ver los interruptores de la luz en la pared, los pulsó todos, iluminando la habitación al instante.