Jennie Frost:
Los días después de que Vuk regresara de Dubrovnik fueron pesados.
No con peleas ni silencios, sino con algo más callado.
Un peso que él cargaba y que yo sentía cada vez que me tocaba.
Estaba más en casa: canceló viajes, delegó llamadas.
Pero su mente estaba en otra parte.
Lo encontraba en el estudio a horas intempestivas, con viejos archivos esparcidos sobre el escritorio, fotos de personas que yo no conocía, notas en su letra afilada.
El coche bomba.
Sus padres.
Diez años enterr