Amanda sintió unas caricias en su rostro, no quería despertar estaba bien donde estaba.
—Bonita —escuchó la voz de Franco.
—Uhm, déjame —se aferró más a él.
—Nos quedaremos aquí toda la noche abrazados o te llevo en brazos hasta la casa de tu abuela, tu escoges.
Abrió de golpe sus ojos, cuando escuchó la palabra “abuela” podría quedarse ahí, pero no era correcto. Levantó su rostro para verlo y la sonrisa de Franco la recibió. Tuvo el impulso de llevar una mano a su rostro, pero fue él quien