Louisa
Capté un destello en sus ojos, lágrimas que amenazaban con derramarse. Pero ella las contuvo con fiereza, apretando los labios en una fina línea. Cuanto más rápido íbamos, más pesado se volvía el silencio.
De repente, sin previo aviso, pisó el freno con fuerza. El coche se detuvo bruscamente. Estábamos en medio de la nada, o al menos eso parecía.
—Hemos llegado —dijo en voz baja.
Me volví hacia ella, sorprendida por esa repentina suavidad. Por un momento, ninguna de las dos habló. Entonc