Hacía mucho tiempo que no visitaba el salón social Quintana, pero aún así, su ambiente tranquilo y sereno me envolvía.
Sin embargo, por supuesto, sabía que detrás de la aparente tranquilidad y elegancia, cada habitación escondía sus propios secretos y movimientos ocultos.
Al entrar, la encantadora recepcionista nos sonrió y dijo: —Gerente Lara, señorita Gonzales, ¡hace mucho que no las veíamos!
Sonreí: —¿Está la señorita Vázquez aquí?
—Sí, ¡pero la señora Díaz está esperándola en la sala en el s