Lo levanté y le di un beso en su pequeña mejilla. Ana había hecho que la piel de ese niño se volviera notablemente más clara, y además, tenía un suave aroma a leche. ¡Realmente me gustaba!
Cuando jugaba con él, reía con risitas, lo cual era reconfortante.
Honestamente, parecía que tenía una conexión especial con ese niño. Él también debía recordarme, ya que sus pequeños ojos seguían mi rostro y sus pequeñas manos no dejaban de tocar mi cara, gorgoteando y balbuceando.
Luciana miró al pequeño y l