Quizás Graciano vio que me atrevía a enfrentarme a este anciano terco, de repente encontró confianza, como si yo le hubiera servido de ejemplo.
Miró seriamente a Ulises y le dijo: —Señor Quintana, estás afectando mi trabajo. Fui enviado aquí desde arriba para trabajar, no para recibir órdenes de una sola persona. Dado que ya te has retirado, ya no tienes poder de decisión.
Graciano finalmente encontró su ritmo, con una apariencia ordenada y la sonrisa desapareció por completo de su rostro.
—Si h