Al escucharme preguntar de esa manera, ocultó su sonrisa. Meneó la cabeza ligeramente y dijo.
—María, me pesa decepcionarte. Vine precisamente porque me preocupaba que estuvieras inquieta; quería contarte sobre esto personalmente. Mi visita a Buenos Aires fue apresurada y partí sin ninguna pista sobre su paradero. Así que, tuve que empezar desde cero.
—¡Qué complicación te he causado! —Una ligera decepción se asentó en mi corazón.
—Por favor, no digas eso, ¡somos compañeros! —me contestó Zuriel.