Durante aquella noche, dormí hasta la mañana siguiente, un sueño que no hubiera querido interrumpir de no ser por el rugir de mi estómago, hambriento y retumbante.
Revoltosa, buscaba mi celular por todas partes, sin encontrarlo. Me resigné, seguramente ellas lo habían tomado, preocupadas de que alguna llamada perturbara mi sueño.
Después de un rato, yaciendo en la cama y mirando fijamente al techo, la voracidad me ganaba.
Me levanté de un salto, me aseé, y bajé a desayunar.
Sonia, con cautela, s