Todos los presentes dirigieron su mirada hacia Lucía, esperando ansiosamente su respuesta.
Lucía se detuvo abruptamente, su mirada fija en el rostro sombrío de Patricio, sus labios temblaban involuntariamente, inundados de pánico. Elevó su mirada hacia mí, que estaba al lado de Patricio, recuperando poco a poco su compostura.
En sus ojos ardía un fuego de ira indomable.
De repente, Lucía estalló: —¡Nadie me ha mandado hacer esto, esto es lo que quiero decir! Patricio, esa mujer que tienes a tu l