Sofía parecía molesta por mis palabras y respondió con disgusto —¡Cuñada! No sabes cuánto aprecio te tiene mi hermano, ¿verdad? Puedes pasar los días relajadamente como ama de casa gracias a todo lo que mi hermano trabaja fuera. ¿Tienes derecho a ser quisquillosa? No seas tan dominante en tus acciones.
Le lancé una mirada fría a Sofía y le dije: —¿Qué? ¿Ahora también te preocupa mi relación con tu hermano? ¿Cuándo me pongo a hablar con tu hermano y tienes que intervenir?
Sofía rodó los ojos, —Yo