—¿Estás ocupado? —pregunté con precaución.
—¡Dime! —respondió su voz algo apagada al otro lado del teléfono, haciendo que mi corazón diera un vuelco.
—¿Dónde estás? —estaba un poco nerviosa.
—¡En la Ciudad Mar! —respondió de manera simple, parecía estar en una reunión, su voz siempre manteniéndose en un tono bajo.
Me sentí más incómoda, —Solo quería... quería preguntarte qué estás haciendo en este momento. ¡No tengo prisa, ocúpate! ¡Hablamos cuando tengas tiempo!
Después de decir eso, colgué ráp