Esta frase tenía un atractivo real, ¿él me acompañó? ¿Pero con quién estuvo hoy?
Al pensarlo, solté una risita. ¿Qué derecho tenía de intervenir en con quién pasaba su tiempo? ¿Cuántas veces vi y cuántas veces ignoré hoy? ¿Cómo podía saberlo?
—¿De qué te ríes?— me preguntó, con impaciencia en su rostro.
—No me atrevería a pedirte que me acompañes— dije con los labios fruncidos—, ¡soy solo una mujer común!
Y era verdad, no me atrevería, él y yo no teníamos ninguna relación.
¡No!
Yo misma tenía un