En el ascensor, ninguno de los dos habló. Sofía bajó la cabeza y frunció el ceño, apoyándose en la pared del elevador. La verdad es que no tenía intención de ocuparme de ella. Su hermano la consentía demasiado, pero yo no estaba en ánimo para eso.
Cuando llegamos a la oficina de Hernán, resultó que estaba en una reunión. Uno de sus subordinados lo sacó y al ver que entramos juntas, su mirada se llenó de asombro mientras nos observaba.
Luego, se enfocó en mí y dijo: —¿Cómo es que tú...?
—¿Te aver